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Blog de J.H. Betancourt

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Bits

"Todo lo que está en el aire pasará por tierra
Y todo lo que está en la tierra pasará por el aire"
            Nicholas Negroponte, “Ser digital

Como el estruendo del gong a las puertas del templo:
La digitalización del cuerpo,
    La ingeniería genética del ojo azul,
       Nuestro pájaro virtual rediseñado
          en la jungla de pelos electrónicos.
El aire se hizo denso.
El postulante no aguantó los electrodos:
"¿Y qué será de los magos?"

El mago espera
El mago llora              Ha sido un loco.
Y cuando habla tocan sus yemas el corazón
del mundo y cada flor
 lo saluda.
Nada lleva
             Nada sabe
Y el universo en él se recoge
Como una liebre que al saltar no avanza
 -detractora del movimiento-
Despliega desde su celda las galaxias.

Mago, corazón mío:
No solicitan nuestra utopía
-ninguna empresa, ningún partido-
Nadie apoyará nuestra pequeña arcadia.
Oh, joven mago,
 antiguo como las estrellas,
No pedirán jamás tu consejo
 aunque tú seas el único sabio.
Sólo aquella Diosa,
Señora de todas las colmenas
 filtra la miel de tus lágrimas,
Mi dulce rey,
 Inmenso roble desterrado.

Entretanto, mordiditas
Comprimidas y pequeñas
Constelan el informativo maremagno.

Ay, jóvenes,
 Futuros administradores de la genética
O su equivalente en aquella utopía virtual:
Las encarnaciones de la magia,
la poesía
el canto
 los silencios
Agradeceremos aquella bomba viral
Que nos libere a todos espacio en el disco duro
Y después olvídennos para siempre.

7 Apr 2010 | 11:15 pm


Concepción


Catedral de Concepción, destruida en 1939 por un terremoto,
Concepción toca el piano con mi amada Érika.

Concepción
                                          dedicado a mi madrina

Toda la concepción que teníamos nos fue rota:
Se le derramó la sangre y tras ella las categorías
Perdió los nombres, le quedaron las sonrisas
Perdió el habla, el manejo de los símbolos
Concepción es su nombre, Concepción madrina
Y no podía contar del uno al ocho, los nombres de sus hijas.
Del Gran Nombre se desprenden los nombres
Y al final llegamos a conceptos y después a analogías 1
Y de la raíz al tallo y de la flor al fruto,
Concebimos alma y cuerpo y árboles y genealogías 2
Concepción mi madrina es mujer santa, blanca catedral
Que quedó sin techo tras el terremoto
8.8 en una escala de 12 destruyó una ciudad 3
Concepción en Chile, postrada en hospital.
Mal parece el morir fuera de casa tras terapia intensiva
Sometido a cables, a oxígeno, todo un organismo
Que no puede decir los nombres de los más queridos.
Concepción amada, dueña del imperio de toda una familia
Se arrulla con cantos que fueron de niños:
“Duerme ya, Duerme ya, te veré mañana”
¡Concepción inmaculada, ayúdame a concebir una idea clara!

Referencias bibliográficas
1.      “La Palabra es alianza de Dios con el Hombre, es condena al pecado de desobediencia, promesa de reivindicación, transmisión de la verdad, suceso específico que tiene lugar en un momento de la historia, encarnación misma de Yaveh, definición del destino humano, creación y ordenación del caos inicial. Es también la expresión de las primeras categorizaciones de las que tenemos noticia escrita en el Antiguo Testamento” (Romero Morett, 2006: 212)
2.      Lamarck concibió la representación gráfica del árbol filogénetico de los seres vivos –gran aportación suya a la taxonomía-, producto de múltiples operaciones analógicas de pensamiento, que le llevaron a crear las categorías de los seres vivos. Esta representación que aludía al movimiento transgeneracional al que se sometían las especies tras la herencia de los caracteres adquiridos, encerraba una herejía para sus coetáneos: echaba por la borda la noción bíblica de inmutabilidad e invariabilidad en las especies, que ni siquiera Linneo osó cuestionar.

3.      En la escala de Richter, 12 es el grado máximo de destrucción, equivalente a que la corteza terrestre se resquebrajase desde el centro mismo de la Tierra. El terremoto que sucedió el pasado 27 de febrero en Chile tuvo su epicentro a 90 kilómetros de la ciudad de Concepción, la más afectada de todas las comunas chilenas. 8.8 fue la magnitud del sismo, el peor desde aquel que desató la tsunami de 2004. 

ROMERO MORETT (2006), Desarrollo de habilidades filosóficas. Guadalajara: Universidad de Guadalajara.

16 Mar 2010 | 1:21 am


San Kevin y el mirlo

por Seamus Heaney

De rodillas, los brazos en cruz, el santo
     Está dentro de su celda, pero la celda es tan angosta,
   
     Que una palma volteada sale por la ventana,
     Rígida como una viga transversal, cuando un mirlo
     Llega a posarse: pone sus huevos y se dispone a anidar.
   
     Kevin siente los tibios huevos, el pequeño pecho,
     La cabeza y garras acurrucadas, se sabe parte
     De la gran cadena de la vida eterna,
   
     Y eso lo mueve a piedad: ahora habrá de mantener la mano
     Como una rama a merced del sol y de la lluvia semanas enteras,
     Hasta que los polluelos rompan el cascarón, echen plumas y vuelen.
   
      *

    Y ya que todo esto es algo imaginado,
     Imagina que eres Kevin. ¿Cómo estará?
     ¿En olvido de sí o en agonía todo el tiempo,
   
     Desde el cuello hasta los adoloridos antebrazos?
     ¿Se le habrán dormido los dedos? ¿Sentirá aún las rodillas?
     ¿O acaso la mirada en blanco del subsuelo
   
     Habrá trepado a través suyo? ¿Existirá la distancia en su cabeza?
     Solo y reflejado claramente en el río profundo del amor,
     "Trabajar, sin pretender ninguna recompensa", reza,
   
     Una oración elevada por su cuerpo enteramente,
     Pues él ha olvidado el ser, ha olvidado al ave
     Y, en la ribera, el nombre del río ha olvidado. 

Traducción de Pura López Colomé©De The Spirit Level, Faber & Faber, 1996.

26 Jan 2010 | 1:15 am


Seamus Heaney, integridad en la verdad poética




Nacido en el condado de Derry, Irlanda del Norte, en el seno de una familia católica y campesina, Seamus Heaney (1939) hubo de experimentar a lo largo de su vida –sobre todo en su juventud- muchas recriminaciones por parte de sus amigos, por no tomar partido cuando la ola de violencia y terrorismo azotó a ese país, especialmente tras el famoso “Domingo Sangriento”, acaecido en 1972. Ya para entonces, a sus 33 años, Heaney era un poeta ampliamente reconocido en su país, y por otros poetas como Robert Lowell, quien lo consideraba el mejor poeta irlandés desde Yeats. Nunca se consideró a sí mismo británico, y siempre sintió una intensa conexión espiritual con la tradición de la Irlanda autóctona y con su campo natal. Parte de su contradicción interna como creador era su doble filiación: por una parte al suelo tradicional irlandés, por otra a la lengua del conquistador: el inglés. En un país donde los jóvenes recitan en los pubs a sus poetas vivos con una pasión sólo comparable a la que despiertan los ídolos del rock, y cuya poesía anima el sustrato espiritual de la Irlanda profunda, es de comprender que Heaney se encontraría  muchas veces entre el fuego cruzado de aquellos que le recriminaban su no-tomar partido por las causas integristas de una Irlanda unificada y anti-protestante; o ante una continua sospecha de parte de los unionistas por el continuo recalcar de Heaney de su identidad  irlandesa; y de los propios irlandeses el constante cuestionamiento por su rechazo al gaélico como lengua de su escritura.
Reconocido tempranamente como un prodigio de la lengua inglesa (hoy es considerado el poeta vivo más leído en esa lengua), autor de 11 poemarios, innumerables ensayos y dos obras de teatro, así como una versión de Beowulf que le valió el prestigiado premio Whitbread al mejor libro del año por segunda ocasión, fue finalmente galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1995. Lo que sorprende es que en un lugar tan agitado políticamente como lo es Irlanda del Norte, Seamus Heaney pudo mantenerse al margen de todo proselitismo ideológico que pudiera contaminar de política su verdad poética, y que pudiera ser usada su obra para los usos y costumbres de una u otra de las facciones combatientes. No que fuera ajeno al dolor de su gente -todo lo contrario-, sino manteniéndose fiel a la Musa, a la verdad del bardo que puede nombrar el alma de una tierra y de los seres que la pueblan: al Dios en las pequeñas cosas, en los oficios, en el lenguaje de las ondas en el agua y de los árboles. Y una lucha constante, espiritual, por no ceder a la tentación del poder político, de proclamarse el adalid de Irlanda, salvador de la patria o abanderado en pié de lucha, como puede percibirse en su poema Piedra de Delphi:
“Que me lleven a la capilla de madrugada/ cuando el mar esparza rumbo al sur sus lejanas cosechas del sol, / y yo realice la ofrenda matutina una vez más: / que me salve del miasma de la sangre derramada, / que controle la lengua, tema a hybris, tema al dios / hasta que se exprese sin trabas por mi boca.” 1
            En eso asemeja a Sócrates la profunda convicción de lo que el filósofo llama su demonio familiar, al no ceder en contra de los dictámenes de lo que su Dios le guía. No es que no fuera un intelectual comprometido ideológicamente con una causa, sino que el compromiso que asumió fue con lo que él llamó “certidumbre en la poesía”: el poema debería ser “no sólo placenteramente certero, sino apremiantemente sabio; no sólo una sorprendente variación de la música del mundo, sino una nueva afinación del mundo mismo”.  En su discurso de aceptación del Nobel, él mencionaría la necesidad de una poesía que encarnara un orden “fiel al impacto de la realidad externa y sensible a las leyes interiores del ser del poeta”2. Sócrates hace de su sentencia final un acto tan cargado de símbolos y tan lleno de justicia que habría de avergonzar a todos los que lo condenaron. No traicionó sus leyes interiores, y logró que la historia condenara continuamente a esos jueces abyectos. Finalmente él se volviera inmortal entre los hombres, en la cultura. Heaney, un creador, ve en la obra de arte la manera de hacer rebosar el potencial constructivo de la humanidad, como una manera de facilitar las caídas de las cortinas de hierro y sustituirlas por instituciones que puedan ser como una “red en una cancha de tenis, una demarcación que permita… un encuentro y una contienda, capaz de prefigurar un futuro en el cual la vitalidad que fluía en un principio de aquellas tonificantes palabras, el ‘enemigo’ y ‘los aliados’, pueda finalmente derivar de un vocabulario menos binario y que, en general, implique menos ataduras”3. Un fondo que lo da la forma, donde lo importante es no ser cooptado por esa sangre derramada clamando venganza, pero tampoco tibio, desleal a la certidumbre poética que da la muerte de cualquier vecino, en el marco de un tiempo escandalizado por el terrorismo y la irracionalidad. Ya terminó la guerra en Irlanda, el poeta sigue vivo. Sus poemas perduran, prístinos, certeros como cuando dialogó con sus muertos en ese maravilloso poemario del vía-crucis por encontrar la verdad interior de la Voz, que es “Isla de las estaciones”. Victoria final: Irlanda y la lengua inglesa ganaron con Heaney. Y nosotros, sus lectores. 


Referencias
Heaney, Seamus.

1.
Isla de las Estaciones”, Seamus Heaney; traducción de Pura López Colomé. Coedición: Amigos de Editorial Calamus, CONACULTA, INBA, 2006.
ISBN 968-9045-14-8
Del poema “Vida de Estante”, parte V. Piedra de Delphi pp. 37

2.
“Al buen entendedor”, Ensayos escogidos/ Seamus Heaney; selec. y trad. de Pura López Colomé. México: FCE, 2006. (Colec. Lengua y Estudios Literarios)
Título original: Finders Keepers Selected prose. 1971 – 2001.
ISBN 968-16-7713-7
Ensayo “Certidumbre en la Poesía”
Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 1995.
Pags. 258 – 259

3.
Ibid

26 Jan 2010 | 1:07 am


Cantos para los héroes

Cantos para los héroes

El poeta no cambia sus visiones por sus versos y el héroe prefiere vivir pasiones y heroísmos, más bien que cantarlos, por más que pudiera hacerlo en tupidas y bravas páginas. Escriben el que no puede obrar y el que no se satisface con la obra.”
José Vasconcelos, Libros que leo sentado y libros que leo de pie.

Es verdad que, cuando en la vida lo que sobra es plenitud, ¿para qué escribir sobre ella? Para qué abundar sobre el amor cuando se lleva una vida amante en todo momento, y el palpitar de la carne y del espíritu es tal que el mismo acto de la escritura es sólo tedio y redundancia, incluso negación del inmenso momento. Me he visto en innumerables ocasiones lanzándome hacia el teclado con tal de escribir sobre una pena del alma o del corazón sólo para extirpar de mí ese cáncer que me carcome y que sólo un verso pudiera expiar, siempre en momentos de tremenda soledad y dolor. Sin embargo, en los grandes momentos de la vida no estoy pensando tengo que escribir esto, por el amor de Dios. ¡Se vive y ya! Quizá en algún momento vuelva el reflujo de la experiencia magnífica, pero mi joven vida no reúne aún los suficientes datos para hacer valer esta aseveración. Aún mi mundo está más poblado de vivos que de muertos y, si bien quisiera traer de nuevo las salvajes mañanas rociadas de rosas y graznidos de cuervos en el jardín de la abuela con el poder de mi pluma, mis abuelos todavía parecen anunciarme en sueños misteriosos que espere, que viva más, que no sea tan soberbio para que la escritura que mane de mí sea humana y universal.
Y es que un héroe ha de vivir no sólo las hazañas de su mente, sino también las de su corazón, de su intestino, su hígado. Y de preferencia, hablar desde el ombligo. En los mejores momentos de un verso, en el acto de escribir, es como si todo estuviera en juego desde ahí y que uno no supiera qué va a ocurrir cuando termine el poema. Quizá el mundo haya dejado de existir para entonces. Ya no importará. El poema estará escrito. Y aunque una visión puede guiar a un héroe por muchos años, los héroes comienzan a extinguirse nomás se deja entrever la inutilidad de sus acciones, como el poeta deja de escribir cuando comienza a desconfiar del poder de sus palabras. Oh, cómo uno quisiera para sí un perpetuo estado de exaltación adolescente, cordura rebosante de delirio, en el que la confianza en el propio poder es casi infinita, capaz de imaginar excursiones colectivas hacia el planeta Urano, antes de ver morir uno a uno a tus amores, tus ideales, tus quimeras. Para refugiarte en las visiones de los ilustres, los bienamados, los ángeles de la cultura que proveen a los tristes mortales de su veraz inspiración. Pues es poco creíble la inspiración de los vivos. No en cambio la de los muertos. Ellos ya no están para cuestionarlos, sobre todo los más antiguos. De ellos no nos queda ni la imagen de sus rostros para saber cómo fueron, si tenían un tic capaz de estremecernos de desconfianza, si les olía mal la boca o tenían podrido un diente. Como están muertos, les creemos. Profetas que no se tomaron la molestia de escribir. ¿No es sorprendente que muchos de ellos no hayan dejado nada escrito? Como si hubieran desdeñado cualquier registro de sus actos, esos maestros vivieron la instantaneidad de la vida sin glorificarla con versos o filosofías. ¿O acaso se sabe que Jesús, Buda, Empédocles, Sócrates, Krishna, o San Francisco tuvieran vocación por escribir sus enseñanzas? Son héroes culturales, fundadores y hasta tenidos por dioses encarnados en la tierra muchos de ellos, pero evitaron la palabra escrita y con mucha razón. ¿Están contenidas en los Evangelios acaso todas las enseñanzas de Jesús? Si fue quien fue, en mi opinión, la parte mínima de sus enseñanzas habrán sido palabras, pero no había video en aquel entonces, y de haberlo, quizá no nos gustarían muchas cosas aparentes de ese dios en la tierra. Así que la muerte corona a sus profetas, pues en vida la mayor parte de ellos fueron tenidos por necios y contrarios a las convenciones de su tiempo y, con tal de cumplir el mandato de lo sublime, no les importó mucho la opinión que pudieran tener de ellos sus coetáneos. Desdeñaban la muerte como desdeñaron la vida, así son esa clase de héroes que son los santos. ¿Habrá todavía héroes, santos y poetas?

*

Existe una voz de la inmortalidad, la victoria más allá de este valle de lágrimas. Quisiera creer que así se canta la victoria de los héroes -los conquistadores del corazón humano, los forjadores de la nobleza en nuestra estirpe. Ellos nos han hablado desde el principio y seguirá esa voz profética resonando siempre que haya caídas o tiniebla en la oscura noche de nuestra confusión. E imploro por ellos, que cierre los ojos, y me hablen, revelen un camino para esta lengua increpante que se esmera en su grosera tozudez por querer expresar más cantos. Palabras frugales para los nuevos héroes. Fruta para las almas que quieran emprender el vuelo, en libertad y en confianza, bajo el amparo de la Diosa, celosa de sus héroes. La hermosa que se sonríe al contemplar los vericuetos alegres, así como las muertes, de sus más queridos. Los llora, los entierra, los hunde en el averno y a veces los corona con nueva luz. Para que la Tierra bendiga a los nuevos hijos, y la conciencia siga su ondear titilante hacia ese destino inefable que acaso llegamos a intuir. Tus profetas, tus poetas, tus cantores, tus hijos, tus peregrinos, Totus Tuus, todos tus amantes.

6 Dec 2009 | 4:39 pm


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